Murió el jugador que bailó a la Selección Nacional

El Trinche Carlovich había sufrido el robo de su bicicleta en Eva Perón y Paraná el miércoles a la tarde. Agredido con un palo en la cabeza lo derribaron del rodado volviendo a golpear con el pavimento y quedando gravemente herido. No existen hasta el día de hoy detenidos responsables por el crimen.

El jugador de la Selección Rosarina que bailó a la Selección Nacional, Tomás Felipe “Trinche” Carlovich, falleció a los 74 años en el Heca por un para cardiorespiratorio durante la intervención quirúrgica de urgencia a la que fue sometido para descomprimir la importante presión intracraneal que presentaba.

El 17 de abril de 1974 el seleccionado argentino dirigido por Vladislao Cap, que se estaba preparando para el Mundial de Alemania Federal 1974, disputó un amistoso contra un combinado rosarino. Las crónicas de la época hablan de una concurrencia de alrededor de 35.000 personas en el estadio de Newell’s.

La Selección rosarina era dirigida por Carlos Griguol y Juan Carlos Montes, que presentaron un combinado integrado por cinco futbolistas de Rosario Central (Carlos Biasutto, el uruguayo Jorge González, Mario Killer, Carlos Aimar y Mario Kempes), cinco de Newell’s (José Luis Pavoni, Armando Capurro, Mario Zanabria, Alfredo Obberti y Sergio Robles) y un pelilargo mediocampista de Central Córdoba, que por entonces militaba en la vieja Primera B.

Ese número cinco zurdo, que dos días después cumpliría 28 años, se robó la noche con una actuación deslumbrante para el gran público, pero no para los iniciados, que ya conocían de las diabluras de ese flaco habilidoso, gambeteador impredecible, especialista en tirar sombreros y caños de ida y vuelta. Era Tomás Felipe Carlovich.

El Trinche, que decía no recordar por qué lo apodaban así, fue reemplazado por José Orlando Berta a los 15 minutos del segundo tiempo, cuando el elenco rosarino ganaba 3 a 0 y bailaba al seleccionado. La leyenda cuenta que Vladislao Cap pidió que lo sacaran.

“Parecía que la pelota lo llevaba a él. Una pelota inteligente, que disfrutaba de ser bien tratada. Carlovich tenía una enorme facilidad para jugar al fútbol y para entenderlo”, sostuvo César Luis Menotti, quien en 1976, cuando el Trinche jugaba en Independiente Rivadavia, lo convocó para un amistoso del preseleccionado que estaba moldeando para el Mundial de 1978. La leyenda también cuenta que el mediocampista no apareció porque prefirió quedarse pescando en Mendoza. Él lo negó. “Aprendí a pescar hace cuatro años porque me enseñó mi yerno”, explicó en 2008.

“Era un fenómeno, hacía cosas que nadie esperaba. Era habilísimo y le pegaba a la pelota, además de fuerte, con una variedad de golpes fabulosa. Anticipó cosas que después se le vieron al Bichi Borghi. Coincido con los que dicen que fue uno de los mejores jugadores argentinos”, lo describió Roberto Fontanarrosa​, otro símbolo de Rosario, que lo había enfrentado en torneos amateur y lo vio en la Reserva de Central.